Alberto Domínguez

Soy programador de corazón. Antes incluso de graduarme, ya enseñaba — como monitor de clase y dando tutorías particulares de programación a otros estudiantes, sin pensar que ahí empezaba algo que me acompañaría toda la vida. Durante mi propia maestría, entre 2003 y 2005, di el salto a dictar clase como docente formal. En 2008 empecé a dictar en programas de maestría y como profesor invitado en doctorado, y desde entonces no he parado: más de dos décadas ininterrumpidas enseñando en varias universidades en Colombia y como profesor de una escuela de negocios internacional en Centro y Sudamérica. Hoy dicto dos cursos en la Maestría en Tecnologías de Información para el Negocio (MBIT) de la Universidad de los Andes — Oficinas de Gerencia de Proyectos (PMO) y Gestión de Cambio en Tiempos de Disrupción Digital — donde formamos líderes capaces de dirigir la transformación digital de sus organizaciones.

Ese mismo instinto de traducir lo complejo en algo útil es el que me llevó, casi sin darme cuenta, a roles de dirección: gerente de cuenta, director de programas, jefe de portafolio, Managing Director. Nombres distintos para un mismo reto: ayudar a que las cosas pasen, con equipos reales, en el mundo real — hoy con más de 20 años liderando entrega de soluciones de TI, como expresidente del capítulo PMI Colombia y, en este momento, cursando un Doctorado en Administración de Negocios. Y en el camino aprendí algo que casi nadie te dice: gestionar bien no es lo mismo que liderar, y liderar bien no sirve de mucho si se te olvida vivir.

Ese es, en el fondo, el hilo de este blog. Empecé escribiendo sobre gestión de proyectos y agilidad — el “cómo”. Con los años, la pregunta se me corrió hacia el liderazgo — el “con quién” y el “para qué”. Y hoy, cada vez más, hacia algo que mi generación aprendió a posponer: vivir el camino, no solo perseguir el destino. Por eso organizo lo que escribo en tres ejes — Gestionar, Liderar, Vivir — que son, sospecho, los tres capítulos de un libro que llevo años escribiendo un artículo a la vez, sin saberlo.

Qué me inspira

Me inspiran las ideas que resisten una segunda mirada: la seguridad psicológica de Amy Edmondson, la carga cognitiva de John Sweller, el ikigai japonés, o simplemente una buena conversación con un estudiante que me hace repensar algo que creía resuelto. Creo que la tecnología —hoy la IA, ayer la nube, mañana lo que sea— solo escala cuando los equipos que la construyen están empoderados. Y creo, cada vez con más convicción, que el destino importa menos de lo que mi generación nos hizo creer.

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