Alberto Domínguez
Soy programador de corazón. Profesor universitario por vocación. Y consultor y gestor de oficio.
Qué me inspira
Me inspiran las ideas que resisten una segunda mirada: la seguridad psicológica de Amy Edmondson, la carga cognitiva de John Sweller, el ikigai japonés, el número de Dunbar, o toda conversación con un estudiante que me lleve a repensar algo que creía resuelto. En una charla de Kevin Kaiser él decía que prefiere a las personas que asumen que pueden estar equivocadas, aunque estén en lo correcto, que aquellas que asumen que están en lo correcto.
Como buen ingeniero de sistemas, opino que la tecnología —hoy la IA, ayer la nube, mañana lo que sea— solo libera el potencial cuando las personas saben aprovecharla para beneficio propio y de los demás —de forma muy similar al conocimiento.
Creo que la meta que buscas importa menos que el camino que recorres para llegar a ella —aunque mi generación se construyó sobre la idea opuesta.
Algo sobre mí
A la programación llegué desde pequeño, gracias a mi padre, quien me cedió su Epson HX-20. Tal vez, sin saberlo, allí inculcó en mí el amor por la tecnología. Un amor que creció y floreció de la mano del auge de las computadoras personales (PC).
A la educación llegué por casualidad, en un intento de ampliar mi círculo social y mejorar un poco mis finanzas personales de estudiante —entre monitorías y tutorías particulares.
La combinación de amor por los detalles técnicos y la capacidad de enseñar —al parecer con algún talento— me llevaron, en el entorno laboral, a posiciones de gestión y liderazgo.
Sobre este blog
De allí, el hilo conductor de este blog. Empecé escribiendo sobre gestión de proyectos y agilidad — el “cómo”. Con los años, la pregunta evolucionó con mi trabajo hacia el liderazgo — el “con quién” y el “para qué”.
Hoy, y a medida que aprendo a disfrutar más lo que hago y a dejar de lado aquello que no quiero hacer, muevo la pregunta algunas veces hacia el buen vivir —el equilibrio vida-trabajo o, lo que mi generación dejó muchas veces de lado: disfrutar el camino, más que sacrificar todo por el destino.
Contacto
Si quieres escribirme o seguir la conversación, la mejor forma es en LinkedIn .