¡La agilidad fracasará!

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Vamos al grano: la mayoría de las transformaciones ágiles son superficiales, orientadas al mercadeo y diseñadas para atraer talento joven con la ilusión de un ambiente de trabajo soñado.

La realidad es otra, empresas tradicionales, con esquemas de gestión obsoletos disfrazados bajo oficinas bonitas, con luces y mesas que se parecen más a un café trendy local y menos a un espacio tradicional de trabajo. Pero la gente sigue inmersa en el estrés diario, la presión de la entrega, la urgencia por falta de organización y por supuesto, la alta rotación de personal.

La agilidad no es una nueva manera de «apretar» y «presionar» con la excusa de la auto gestión. Si tiene dudas, pregúntese lo siguiente: ¿la cantidad de trabajo asignado a usted y su equipo es consecuente con el tiempo laboral disponible? Si aún tiene dudas, siga con esta pregunta: ¿las condiciones están dadas para que en el tiempo disponible y con la dedicación suficiente se entreguen esos resultados? Si está pensando en «depende» entonces ya cayó en el engaño.

¿Cuántos amigos y personas conoce usted que han participado de una «transformación ágil» y su realidad laboral no cambió en lo más mínimo? Solo tienen nuevas herramientas de gestión y de seguro muchas notas adhesivas en las paredes.

¿Cómo hacer correctamente una transformación?

¿Qué se necesita para una evolución exitosa a nivel organizacional?

Me entristece un poco ver que muchas empresas inician esfuerzos contenidos de «transformación» con la tonta idea de obtener resultados más rápido. Nadie nunca les explicó que hablamos de «agilidad» y no de «rapidez».

Muchos gerentes o directivos solo esperan resultados más rápido y la agilidad, como cualquier modelo nuevo de gestión, es una excusa para invertir menos y obtener más.

No todo está perdido

No obstante, entre tantos esfuerzos empiezan a brillar verdaderos cambios culturales. La mentalidad ágil es consecuente, no solo con nuevas empresas sino también con la fuerza laboral joven afín a nuevos principios y drivers personales y profesionales.

La agilidad, como concepto, tiene mucho que aportar a los modelos tradicionales de gestión, y el trabajo en equipo puede potenciarse de muchas prácticas y técnicas comunes, el truco es dejar de buscar soluciones mágicas e inmediatas y los retos que la propia naturaleza humana nos presenta.

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