Malos directores, malos proyectos

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Me considero una persona apasionada por su trabajo. La gestión del portafolios, programas y proyectos son algo que de verdad captura mi atención y gran parte de mi tiempo, tanto en el campo académico como profesional. No tengo dudas al afirmar que los proyectos son vehículos de cambio, evolución y progreso. Claro está, siempre y cuando estos sean bien dirigidos y administrados. De allí la importancia y el valor del rol de Director de Proyectos.

Importancia de los proyectos

Si evaluamos los proyectos como un instrumento (que puede ser utilizado a nivel personal, organizacional, social, o global) estos tienen un potencial enorme de transformación. Por lo tanto deberían ser tratados con especial interés y cuidado.

Los proyectos requieren de una visión clara (objetivo o meta), requieren de tiempo (el bien más valioso que tenemos los seres humanos, nuestro tiempo) y por supuesto de recursos (insumos, equipos y dinero). Pero los proyectos también necesitan acción, acción para hacer que las cosas sucedan. En ausencia de acción los proyectos no son más que sueños que nunca se van a cumplir.

Con proyectos construimos naciones, transformamos gobiernos y sociedades, con proyectos hacemos empresa, terminamos estudios y vivimos nuestra vida.

Papel del director de proyectos

Un instrumento con tal potencial no debería ser gestionado a la ligera. ¿A quién si no a los mejores para compartir o entregar nuestros sueños? ¿Quién si no a ellos para que éstos se conviertan en realidades? ¿Quién entonces si no a personas competentes y verdaderos líderes?

Por eso nos gusta el liderazgo, porque vemos en los líderes la capacidad de lograr resultados, de hacer que sucedan cosas. Los líderes cambian el mundo, no se ajustan a él. Los líderes cambian el mundo con proyectos. De sueños a realidades. Todos admiramos a los buenos líderes, estudiamos sus vidas, leemos sus biografías, y citamos sus frases. Ellos seguramente convirtieron una visión lejana en realidad.

La abrumadora verdad

¿Si los proyectos son instrumento clave para construir el futuro de las empresas y la sociedad, qué sentido tiene asignar Directores de Proyecto sin capacidades y experiencia?

Esta pregunta me la hago muy seguido. Es común encontrar personas que más que directores ejercen de asistentes. Toman atenta nota de cada reunión, llenan formatos, completan hojas de cálculo con números y actualizan el cronograma con suma diligencia pero que rara vez dirigen el proyecto.

Lejos del debate de crecimiento profesional, ciertos proyectos ameritan una verdadera inversión en la gestión debido a su naturaleza crítica o exposición al riesgo, la magnitud de los recursos asignados. Asignar personas que se limitan a seguir las instrucciones de un “plan de trabajo” como si fueran autómatas es una total contradicción. La falta de comunicación, el conocimiento limitado sobre liderazgo o gestión, y el innegable hecho de que muchos se limitan a seguir el plan que seguramente alguien más hizo, demuestran problemas serios que afectan las probabilidades de éxito de los proyectos.

¿Por qué las compañías lo siguen haciendo? ¿Qué objeto tiene el ahorrar en la remuneración de un director de proyecto si hemos de asignarle proyectos estratégicos y con alta inversión? ¿Cuál es el ahorro esperado?

La realidad es abrumadora. Actualización 2026: según la 14va edición (2025) de la encuesta salarial del PMI® (“Earning Power: Project Management Salary Survey”), Colombia está entre los países - junto a Sudáfrica - donde la certificación PMP® genera el mayor incremento salarial relativo: quienes la tienen ganan al menos un 65% más que quienes no. Si la certificación paga tanto más en nuestro contexto, ¿qué sentido tiene seguir asignando directores de proyecto sin experiencia ni certificación a los proyectos más críticos?

En América Latina, y en mi caso particular Colombia, sigo viendo cómo se subvalora el rol - y con él, de seguro, las tasas de éxito de las inversiones sociales y de desarrollo. Mi frustración aumenta cuando en sectores de apoyo social y para el desarrollo económico se asignan - en casi el 100% de los casos - personas poco preparadas para gestionar proyectos en los gobiernos.

Se desperdician miles de oportunidades y millones de dólares, pesos, colones, balboas y soles en proyectos mal administrados, mal concebidos y mal dirigidos.

¿Qué resultado espera recibir una sociedad que asigna una persona sin la experiencia para llevar a buen término un proyecto? ¿Qué tipo de responsabilidades espera que esta persona asuma en función de la remuneración acordada?

Cifras y más cifras

El debate es amplio y existen esquemas de remuneración flexible basadas no solo en la labor sino también en el éxito del proyecto - o al menos la toma acertada de decisiones - por ejemplo, cancelar un proyecto condenado al fracaso es el resultado de una buena gestión, en un proyecto que tal vez pudo tener inconvenientes técnicos o no es factible por condiciones cambiantes del mercado - como sucedió cuando el valor del petróleo se desplomó desde los USD$ 120 por barril.

Las cifras de proyectos de gran escala lo dicen todo. Actualización 2026: la Contraloría General de la República encontró hallazgos con presunta incidencia fiscal por $78.874 millones de pesos, tras auditar 14 proyectos estratégicos financiados con regalías cuyo valor total ascendía a $183.146 millones - es decir, más del 40% del valor auditado terminó en entregables no verificables, deterioro prematuro o actividades reportadas como ejecutadas que nunca se observaron en terreno. La historia, casi una década después, no cambia mucho.

El rol estratégico de la dirección

Si una nación quiere mejorar su competitividad, lo primero que deberá hacer es asignar a líderes (Directores de Proyecto) capaces y profesionales.

Los profesionales deben, no solo ejercer la profesión, deben dignificarla y respetarla. Mantenerse actualizados y entender que los directores de proyecto no somos quienes llevan las actas y persiguen como policías las fechas y los cumplimientos.

Somos líderes llamados a la anticipación y la construcción de equipos, verdaderos equipos de trabajo.

Las asociaciones profesionales deberían trabajar de la mano con los grandes ejecutores de proyectos - como los gobiernos - para hacerle frente a la necesidad tan vigente de talento.

Muchos de nosotros nos dedicamos, además de trabajar en proyectos, a educar y transmitir conocimiento. Así debe ser. No solo identificar el problema, trabajar por la solución y para el bienestar de nuestras sociedades y empresas.

· 5 min de lectura · Última actualización: 2026-09-12