¿Cómo se ve la discriminación?
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Este es, quizás, uno de los artículos más difíciles que he escrito. Lejos de mi zona de confort, decidí analizar, tratar de entender y escribir sobre la discriminación, mi historia, y lo que podemos hacer como amigos, colegas o líderes de equipo para evitar que esto ocurra.
La historia detrás de este artículo
Es algo en lo que, sin duda, no se piensa muy seguido. Si naciste en un país del llamado primer mundo, es casi seguro que, si lo piensas, solo sientes orgullo y notas cómo el mundo te recibe bien vayas donde vayas.
Sin embargo, dónde naciste es una de esas cosas de las que no tienes ningún mérito. Tal vez tus padres, sus padres, y quienes vinieron antes, son quienes merecen todo el crédito.
Un bogotano de clase media
Durante los primeros 40 años de mi vida nunca pensé mucho en la discriminación. Soy hombre, podría considerarme blanco en mi país, y soy heterosexual. Si a eso le sumas que vivo en un país conservador de tradición católica, estaba en la zona segura.
Crecí en un barrio de clase media en Bogotá. Fui a un colegio tradicional. Terminé mis estudios de ingeniería en una gran universidad. Conseguí un buen trabajo, me casé, y hoy tengo una hermosa familia.
He trabajado en tecnología desde mis veintitantos. Llevo más de dos décadas dando clases en la universidad. Creo en el poder de la buena educación para transformar personas, familias, sociedades, naciones y el mundo.
Un colombiano 100%, casi
Tal vez hay algo que podría hacerme un poco más «bogotano». Hace un par de años empecé a escuchar, muy de vez en cuando, que yo no era colombiano, al menos no uno «de verdad». La primera vez me pareció gracioso. La segunda, un poco ofensivo. Desde la tercera, quedó claro: ya no era un colombiano «usual».
No nací en Colombia. Y aunque no recuerdo una vida distinta a esta, aunque solo tengo documentos colombianos (todos absolutamente legales), a pesar de haber estudiado y trabajado toda mi vida en la misma ciudad, no puedo cambiar el pasado ni las decisiones de mis padres —ambos colombianos— que en ese momento vivían fuera del país.
Si no conoces esa sensación, prueba esto: pon atención a algo que es tuyo —tu nombre, tu familia, tu identidad o tu nacionalidad— y considera, por un momento, que otros no lo reconocen como tuyo, que te lo quitan muchas personas. Empieza a sentirse extraño, y luego te das cuenta: te están discriminando por el simple hecho de ser.
Discriminación
El problema con el pensamiento de «tú no perteneces aquí» o «tú no eres como yo» es que, con el tiempo, aísla a las personas. Empieza con cosas pequeñas y, poco a poco, se convierte en una barrera entre grupos.
Y, como humanos, lo hacemos con todo. Tendemos a separar las cosas: lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro, lo rico y lo pobre, lo local y lo extraño.
Y la verdad es que rara vez pensamos en esto. Ese pensamiento divisorio siempre está ahí, pero solo nos molesta cuando la división nos deja en un grupo distinto al que esperábamos.
No quiero seguir escribiendo sobre las cosas malas y la discriminación que, poco a poco, me va dejando cada vez más al margen en mi propio país. Una renovación de pasaporte casi imposible de completar, un documento de identidad y permiso de viaje que no se puede renovar sin explicación, o una cuenta bancaria que no puedo tener porque no soy «un colombiano de verdad» —a pesar de haber sido ciudadano por más de 40 años—. Así que hablemos mejor de liderazgo, y de cómo, desde algunas posiciones, podemos promover un pensamiento inclusivo y no discriminatorio.
Los retos del liderazgo
El liderazgo es un arma de doble filo. Puede ser un instrumento de transformación para el bien, o puede sacar lo peor de las personas. La guerra, la miseria y la indiferencia han tenido líderes grandes, por no decir espectaculares.
Estamos acostumbrados a un liderazgo fuerte y contundente que mueve masas. Y, finalmente, al liderazgo que nos divide, el que profundiza nuestras diferencias y nos separa.
Malos ejemplos
Entre más enseño, menos fan de la democracia me vuelvo. Y, por favor, no me malinterpretes: no defiendo modelos autoritarios ni tiránicos. Sin embargo, creo que las decisiones desinformadas y manipuladas por la efervescencia de las emociones hacen de la democracia un modelo insuficiente.
Los políticos lo saben. Conocen las debilidades del ser humano y lo fácil que es desinformar, manipular emociones y dividir. Siempre es más fácil pensar en lo bueno y lo malo, en rojo y amarillo, que en un mundo lleno de colores y posibilidades.
¿Recuerdas la pandemia? No hace mucho, los líderes de nuestro mundo primero se cuidaron a sí mismos y pusieron a sus naciones por encima de las demás. Ninguno de ellos realmente luchó por una colaboración global.
El miedo es un motivador poderoso. Nada despierta más miedo que lo desconocido, aquello que es distinto a nosotros. El miedo también es barato. El coraje, el amor y la paz cuestan mucha energía, dedicación y resiliencia.
Liderazgo que une
El verdadero reto es crear modelos de liderazgo que promuevan la comprensión de las diferencias. No la aceptación ciega de cada idea, sino la promoción de un espacio para presentar, discutir y valorar las ideas, los pensamientos y los esfuerzos de todos.
Unir es más difícil que dividir. Unificar requiere determinación y esfuerzo. A lo largo de la historia, nuestros mejores momentos como sociedad no han sido gracias a líderes divisorios y movilizadores, señores de la guerra o guerreros. Nuestros mejores y más duraderos ejemplos de liderazgo —aquellos que perduran por siglos— son los de quienes lograron entender y aceptar las diferencias, y convocar y unificar a todos.
¿Por dónde empezar?
Hay algo que me gusta hacer cuando tengo miedo: trato de entender. Leo, estudio y valido —con varias fuentes, como cualquier buen académico— aquello que me asusta, aquello que no conozco.
Por supuesto, no puedo hacerlo con todo. Liderar exige mucha energía, física y mental, y si cada decisión requiriera un aprendizaje profundo, eso podría significar retrasos.
Pero lo que sí puedo hacer es reunir un equipo con perspectivas distintas. Visiones diferentes, y construir con ellas un modelo donde sea más fácil iluminar lo que para nosotros es más oscuro.
El concepto IDEA
Hace poco menos de un año, acepté el rol de patrocinador ejecutivo de IDEA en la organización donde trabajo. Por si no lo sabes, IDEA es la sigla en inglés de Inclusion, Diversity, Equity and Awareness —inclusión, diversidad, equidad y conciencia—.
Hoy se habla mucho del «movimiento woke». Algunos lo atacan, otros lo defienden. Cada día nos radicalizamos más. Nos gusta ver las diferencias y, para eso, nos concentramos en los extremos: el más conservador contra el más liberal, el mejor y el peor. No logramos reconciliar el hecho de que podemos encontrarnos en el medio. No se trata de normalizar. Se trata de respeto.
No se trata de religión, raza, género o nacionalidad. Se trata de equidad. Puedes empezar por tomar conciencia —eso no significa que debas aceptar desde el principio, pero intentar entender ya te hace 100% mejor.
Antes de irte, lee esto
Si lideras, si tienes seguidores, y sientes rechazo por algo o alguien: lee, aprende, trata de entender.
Estoy seguro de que hay cosas que no podremos entender. Seguramente habrá cosas que no podremos aceptar. Pero nunca debes dejar de intentar entender y aceptar.
Si lideras, no olvides a quienes te siguen. Merecen un espacio seguro para expresarse, discutir y aprender. Puedes compartir una visión de comprensión sin romper tus valores. Dividir es simple, fácil y barato, pero es a través de la unificación que evolucionamos como sociedad.